lunes, 19 de mayo de 2014

...no me retengas en las redes de la tristeza.

En el autobús de línea camino de Santa Marta del Tormes y al paso por Ávila, recordó aquella joven que, de espaldas a él, bajaba por la calle de piedra y empinada que parecía desembocar en la vieja iglesia. Verano de 1964... Ayer. 

Llamó la atención de sus 16 años el paso desenvuelto que hacía ondular su falda de un lado a otro. Su porte juvenil, su pelo castaño y corto, sus sandalias... Y, cómo no, la figura de toda ella.

Hoy vuelve a verla. No tal vez en la misma calle, pero sí en el recuerdo de, sin saber porqué, no haberla olvidado nunca... ¿La reconocería hoy?. ¡Sin duda!... ¿50 años después?... Lo que percibió entonces fue su esencia, y ésta está impresa en el tiempo y lugar... ¡La reconocería!

El autobús enfiló la autopista dejando atrás las viejas murallas del recuerdo y la vivencia... Sacó del bolsillo su móvil y llamó a Amor. En casa de ésta y su familia pasaría las siguientes semanas.

-Hola...
-Hola... ¿A qué hora llegas?
-Creo que sobre las ocho y veinte...
-Saldré a esperarte... Daremos una vuelta antes de volver a casa.
-Te lo agradezco, me vendrá muy bien estirar las piernas. Además quiero ver cuanto antes el pueblo, las gentes, las calles viejas, aspirar las vivencias del ayer...
-Ah!, se me olvidaba. Iba a llamarte yo... ¿Te acuerdas de Estrella, mi prima?
-¡Claro!... De hecho venía pensando en ella. Tengo su recuerdo muy presente...
-Este domingo se celebra una misa aquí por el fallecimiento de una de sus hijas, hace un mes...
-¡Qué me dices!...
-Sí, fue algo de repente. Empezó a sentirse mal y murió a los cuatro días...
-Vaya... ¿Cómo está ella?
-Bueno, se va recuperando algo... Quedó bastante afectada. No es para menos. A todos nos sorprendió lo sucedido...

Cuando finalizó la conversación decidió hablar con Estrella. Cerró los ojos y comenzó...

Ésta a su vez percibió las palabras de su hija...

-”No me vivas como te dicta el pensamiento o la razón... Pues ahí no estoy. Víveme desde el corazón... ¡Ahí sí soy yo!. Pero déjame vivir también mi nueva andadura, la deseo. Estoy bien, estoy bien. Y quiero hacerlo.

-Libre de ataduras que ya no son mías... Las cosas del ayer, cuando éramos, empiezan a no tener mucho sentido para mí. Aquí la vida es otra cosa.

-Recuérdame, y quiéreme. Pero no me retengas en las redes de la tristeza, la pena o el sentimiento del no saber... De lo que puedes pensar que es pérdida. Tú estás... yo estoy... Tal vez un velo te impide verme como soy. No tiene importancia... Vívelo así. ¡Víveme!

-Adiós mamá”.

Cuando se presentó ante ella a la salida de la iglesia, 50 años después..., le reconoció.

-Sabía que estabas aquí, me lo dijo Amor... Me alegro de verte... A ella también le hubiese gustado conocerte... Estoy segura.
-Lo sé... ¡Todo está bien! Lo importante es que estés tranquila...
-Lo estoy... Ahora sé... Gracias!

3 comentarios:

Adriana Alba dijo...

No lo debes recordar...pero comentaste en el blog de una vieja amiga.

Enhorabuena por tu nuevo espacio, te visitaré en la medida de mis posibilidades.

Cariños.

AMALIA dijo...

¡¡Qué precioso!!

Un gran abrazo.

http://azulgenia.blogspot.mx/ dijo...

Hermoso y sentido texto.

Es algo muy triste perder un hijo y debería ser algo hermoso pensar que regreso un ángel a los brazos de Dios
Solo que somos humanos y tenemos rebeldía,egoísmo y apegos.
Egoísmo al no querer dejarles ir con alegría, pues pensamos mas en nuestra pena y ese intenso dolor que quema hasta el alma.
Es difícil soltar y decir adiós a un ser que estuvo en nuestro vientre y su corazón latió al mismo ritmo que el de su madre con la misma sangre.
Tiempo al tiempo, Dios es sabio y sabe como sanar estas heridas.

Resalto estas frases...

-Recuérdame, y quiéreme. Pero no me retengas en las redes de la tristeza, la pena o el sentimiento del no saber... De lo que puedes pensar que es pérdida. Tú estás... yo estoy... Tal vez un velo te impide verme como soy. No tiene importancia... Vívelo así. ¡Víveme!

-Adiós mamá”.
Hermoso, gracias por compartirlo.

Un fuerte abrazo.